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Albert Einstein dijo que el crecimiento intelectual debe comenzar con el nacimiento y finalizar con la muerte. Puede decirse que Eliahu Toker (1934-2010) obedeció la fórmula al pie de la letra. Fue un verdadero intelectual toda su vida y no dejó de serlo hasta el último suspiro.

Amaba los libros con una pasión inusual. Gozaba hablando de títulos, ediciones y autores. Es probable que haya sido uno de los escritores argentinos con mayor autoridad en materia de literatura idish y hebrea. Me honró con su amistad, su confianza y su entusiasmo.

En su condición de asesor editorial, Eliahu le imprimió a la Biblioteca Digital de la Fundación Wallenberg un ritmo vertiginoso que permitió sumar numerosos títulos en muy pocos meses.

Entre los logros de su valioso aporte se pueden mencionar "El resplandor de la palabra judía", "Iluminaciones de los Salmos", "Cantar de los cantares", "Pirkei Avot", "Génesis", de Máximo Yagupsky y muchas otras obras que serán presentadas en los próximos meses.

 
Una crónica de la trayectoria interconfesional de la institución en sus últimos diez años de tarea ininterrumpida
 

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Deconstruyendo la tolerancia Imprimir Correo electrónico
Jueves 23 de Junio de 2011 05:07
Tolerancia¿Debemos tolerar la tolerancia?

La tolerancia no es una virtud, y no debe ser promovida como tal.

La palabra tolerancia es ampliamente utilizada. Se le atribuye un significado positivo. Los políticos nos instan a ser tolerantes con las minorías. Los educadores nos enseñan a ser tolerantes con los demás. La prensa está llena de referencias a la necesidad de ser tolerantes con personas o grupos que tengan un punto de vista diferente o que practiquen una religión diferente. Incluso las Naciones Unidas han decretado "un día internacional de la Tolerancia".

La palabra tolerancia se ha convertido en un concepto bien establecido que denota una virtud tan ampliamente arraigada como la libertad de expresión, la igualdad ante la ley, etc

Sin embargo, debemos ser cuidadosos. La palabra tolerancia significa soportar. Si yo tolero algo o a alguien quiere decir que estoy dispuesto a soportar su presencia o sus opiniones.

El acto de tolerar implica un esfuerzo de mi parte que me inhibe de transmitir mis objeciones a la existencia de un fenómeno difícil de soportar.

La tolerancia promueve una relación desigual. Quien tolera no se considera en un pie de igualdad con el tolerado. Si yo le digo a una persona que la tolero, en realidad le estoy diciendo que estoy por sobre ella y que estoy dispuesto, aunque renuentemente, a soportar su presencia, o sus prácticas, o sus opiniones. Difícilmente una actitud de estas características esté en condiciones de ser promovida como virtud por un gobierno o cualquier autoridad oficial.

A un igual, a un par, no se lo tolera. La verdadera igualdad conlleva respeto, no tolerancia. Respetar al otro como a una persona distinta no puede implicar una actitud tolerante. Este es el verdadero significado de la igualdad: la diversidad existente en un ambiente de mutuo respeto socio-jurídico.

Una actitud tolerante implica el otorgamiento de un favor, no la concesión de un derecho.

El objetivo de una sociedad libre no debe ser delinear un marco dentro del cual las personas toleren los diferentes puntos de vista o antecedentes u orígenes. Una sociedad es libre cuando una persona goza de libertad amparada por la ley y de respeto dentro de la sociedad.

La tolerancia como idea es ajena a una sociedad libre. En rigor de verdad, la tolerancia fue utilizada por primera vez como un concepto político y jurídico en el siglo XVII. Fue empleado, a continuación, y en siglos posteriores, en referencia, por ejemplo, a la existencia de creencias religiosas que eran distintas a la religión establecida. La palabra tolerancia, en ese contexto, implica un cambio de actitud por el cual una religión que anteriormente no había sido aceptada, era conceptual o jurídicamente elevada al nivel de una creencia tolerada. La idea detrás de esta actitud era clara. La religión sería tolerada, su existencia sería asegurada, pero como un favor concedido por la autoridad establecida , no como un derecho a existir en un pie de igualdad y en un clima de mutuo respeto.

La tolerancia pudo haber sido una idea iluminadora en el contexto de las condiciones imperantes en los orígenes de la edad moderna, pero no lo es, por cierto, en el siglo XXI. Tolerancia significa lo que dice: una autoridad superior tolera la existencia y las creencias de una entidad desigual. Necesitamos encontrar un concepto que refleje el ideal del respeto mutuo. La palabra tolerancia no califica para este objetivo.

Por Yoav J. Tenembaum

Fuente: FIRW

Traducción: FIRW

 
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