Albert Einstein dijo que el crecimiento intelectual debe comenzar con el nacimiento y finalizar con la muerte. Puede decirse que Eliahu Toker (1934-2010) obedeció la fórmula al pie de la letra. Fue un verdadero intelectual toda su vida y no dejó de serlo hasta el último suspiro.
Amaba los libros con una pasión inusual. Gozaba hablando de títulos, ediciones y autores. Es probable que haya sido uno de los escritores argentinos con mayor autoridad en materia de literatura idish y hebrea. Me honró con su amistad, su confianza y su entusiasmo.
En su condición de asesor editorial, Eliahu le imprimió a la Biblioteca Digital de la Fundación Wallenberg un ritmo vertiginoso que permitió sumar numerosos títulos en muy pocos meses.
Entre los logros de su valioso aporte se pueden mencionar "El resplandor de la palabra judía", "Iluminaciones de los Salmos", "Cantar de los cantares", "Pirkei Avot", "Génesis", de Máximo Yagupsky y muchas otras obras que serán presentadas en los próximos meses.
Una crónica de la trayectoria interconfesional de la institución en sus últimos diez años de tarea ininterrumpida
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Casa Argentina en Israel - Tierra Santa y la Fundación Wallenberg celebra la vida de un héroe del Holocausto
Nicholas Winton, ejemplo de humanidad
En 1938 Nicholas Winton, nacido el 21 de mayo de 1909, trabajaba como empleado de la Bolsa de Valores, en la localidad inglesa de Maidenhead, Berkshire. Días antes de la Navidad, ultimaba los detalles de un viaje de vacaciones a Suiza. Era joven, ganaba buen dinero y podía hacerlo. Pero una llamada telefónica desbarató sus planes de esquiar en los Alpes y cambiaría su vida.
Su amigo Martin Blake, que trabajaba en un comité de ayuda para refugiados adultos de Checoslovaquia, parcialmente invadida por el Tercer Reich, le pedía ayuda. Winton viajó por su cuenta a Praga; se alojó en un hotel y luego de días cayó en la cuenta de que no había planes específicos para salvar las vidas de los niños. Entonces, se contactó con Refugee Children's Movement (RCM), de Londres, que reunía judíos, cuáqueros y diversos grupos de cristianos y cuya misión era conseguir alojamiento y dinero que el gobierno británico exigía como garantías para aprobar el ingreso de refugiados europeos perseguidos por el nazismo.
El 21 de noviembre de 1938, poco después del pogrom de La Noche de los Cristales, la Cámara de los Comunes del Reino Unido había aprobado una medida que permitiría recibir a refugiados menores de 17 años que no tuvieran un lugar en donde alojarse y siempre que se depositaran 50 libras esterlinas (unos U$S 1.500 de hoy) por niño, como garantía de pago del pasaje de vuelta. En nueve meses Winton logró evacuar desde la estación Wilson de Praga a 669 niños en ocho trenes a Londres. Entre ellos, Karel Reisz, a la postre consagrado director de cine, autor de la premiada película La amante del teniente francés. Hoy se cree que ya son más de 5.000 los llamados niños Winton, descendientes de los salvados por Nicholas. Un noveno tren con 250 niños debía partir el 3 de septiembre de 1939, si no fuera porque ese mismo día el Reino Unido le declaró la guerra a Alemania.
El tren no abandonó la estación y los niños nunca volvieron a ser vistos.
Durante más de cinco décadas Winton no reveló a nadie su gesta.
La historia se hizo pública cuando su esposa Greta descubrió en el ático de su casa un maletín que contenía listas de niños salvados y cartas de sus padres. Después de seis décadas, la Corona Británica reconoció la acción humanitaria de este gran hombre, otorgándole el título de Caballero de la Corona.
Estampilla conmemorativa emitida por Casa Argentina en Israel - Tierra Santa y la Fundación Wallenberg