Es
interesante pensar cómo le gustaría a Numo ser evocado.
Me permito pensar que probablemente ubicado en el centro de lo
que más amó. Su tierra. Un verdadero gaucho judío,
entrañablemente ligado a su suelo y siempre agradecido
a lo que fue el corazón de su productividad, y el núcleo
de sus ideas más creativas en relación a la generación
de riqueza: las pampas chatas.
Decir que el judaísmo y lo criollo quedaron anudados de
una vez y para siempre ya desde su más tierna infancia
contribuye a pensar cómo prendió en él la
idea de crear junto a otros hombres, una institución que
cobijara y sintetizara este tipo de cruce. Es así como
se unen el joven Baruj, el Numo maduro, Monseñor Segura
y otros apasionados soñadores que se aventuraron a juntar
lo diverso y darle fuerza a una idea de intensa fraternidad, la
creación de Casa Argentina en Israel, y hoy Fundación
Wallenberg. Por eso creo que estas imágenes aportan algo
inestimable en relación a la memoria de Numo; mi padre:
permitir que se repita hasta el infinito algo que lo habitó
hasta su últimos minutos: su amor a la vida.
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